domingo, 25 de abril de 2010

Fuera de uso

A lo largo del tiempo me convertí en una persona que aprecia mucho el orden. Y dicho orden, me gusta tenerlo en mis cosas por poner un ejemplo. Me gusta tener todas mis cosas ordenadas, de forma que pueda encontrar algo que busco con relativa facilidad. Esto no significa que el orden tenga que ser visual. Muchas veces me encontré "cómodo en mi desorden", lo cual significaba que aunque estuviera todo tirado por ahí, yo sabía como encontrar cada cosa. Había una cierta organización.

Y en cuanto a este tema, me pasó algo que le pasó a mucha gente, y que aparentemente según leí por ahí, es una cualidad bastante común de ver entre las personas. Juntar basura. Guardar montones de objetos que ya no tienen ningún uso real, poniendo una gran cantidad de excusas diversas para no tirarlos. Cosas como "esto puede llegar a arreglarse", "uh, pero esto es de cuando conocí a...", "no da... pagué mucho por esto, ¿cómo voy a tirarlo?", y un larguísimo etc. Así que bueno, hoy decidí que todo eso se acabó, y me puse a ordenar completamente mi habitación. No se puede decir que esté terminado, pero quedó bastante mejor que antes. Y además, me deshice de varias de esas cosas que acumulaba solamente porque me daba cosa tirarlas:

-Una vieja copiadora de DVD rota. Ya no podía abrirse para meter ningún DVD, y no tenía arreglo. La guardaba porque por ahí algún día podía arreglarse, o por ahí a alguien le servía.
-Un viejo teclado roto, que simplemente había dejado de andar un día.
-Otro teclado roto. Se fracturó en varios pedazos por causa de la gravedad.
-La caja vacía del que es mi teclado actual, que vengo usando desde los últimos seis meses y que probablemente iba a volver a poner en su caja.
-Un viejo juego de damas, con fichas perdidas y medio roto.
-Un juego de ajedrez también viejo, con fichas faltantes.
-Un pequeño tablero magnético de ajedrez que tengo desde hace muchos años, cuando vivía en otra casa. Algunas fichas están perdidas desde que vivía en esa casa, y por ende no tenían ninguna real esperanza de reaparecer.
-Un viejo poster de Ranma 1/2, que había sacado para que entrara Yoda en mi pared. Lo guardaba por si alguna vez quería volver a ponerlo, o por si alguien quería un viejo poster doblado y gastado.
-El soporte de madera que vino con mi katana, y que es tan malo que nunca pudieron encastrar las partes entre sí. Además de que jamás lo usaría aunque se pudiese armar.
-Las tapitas acrílicas que había comprado para proteger mi celular. Que eran medio chotas, y desde que se cayeron al suelo una vez nunca más volvieron a poder quedarse en el celular. Las mantenía a mano porque quizá un día volvían a funcionar mágicamente, y porque me habían salido veinte pesos; aunque tal vez más que nada porque hace un tiempo tuve un sueño en que Marina con un encendedor lograba arreglarlas.




La verdad es que me siento mucho mejor ahora. Solamente espero que esto no sea sólo un momento de decisión, y sea algo que pueda hacer siempre. Es increíble lo mucho que me costaba antes decidirme a tirar algo. Era siempre pensar que si me lo quedaba, puede que algún día encontrara un uso o lo necesitara para algo; mientras que si lo tiraba, ya está, era definitivo. Supongo que en la naturaleza humana hay definitivamente un miedo a lo definitivo.

1 comentario:

natasha dijo...

pero vos sos un principiaaanteee del desorrrdeeeen!!! jajajaja...